Luego de que saliera a la luz pública la gresca protagonizada por dos mujeres peruanas y el embajador ecuatoriano Rodrigo Riofrío en un supermercado, vemos que la “igualdad de género” de la que tanto se habla”, no existe.
Esta no es una defensa de ninguna
de las dos partes. Lo que se pretende condenar es toda agresión física o verbal
provenga de quien provenga, hombre o mujer. En los últimos días hemos visto una
defensa acérrima a Cristina Castro y a su hija, escoltada por los personajes
políticos peruanos, por el hecho de ser damas. En el tratamiento de este
delicado caso no hay objetividad.
El conocido dicho “a la mujer ni
con el pétalo de una rosa” debe aplicarse también hacia los varones, pues el hecho
de ser mujeres no da pie a que se cometan excesos, haya agresión y dichas
actitudes queden impunes y sin condena. No hay igualdad de género ante la ley.
Según las protagonistas de riña, el
embajador en cuestión, habría increpado a las mujeres por no respetar el orden
de la fila con frases racistas e insultos ofensivos, lo cual condenamos
tajantemente y más aún por ser un funcionario de cargo público y un hombre
“conocedor y culto” de la pluriculturalidad existente en un país andino como el
de él.
Pese a eso, vivimos en un Estado de
Derecho, donde hay leyes y procedimientos que habrían sancionado a este mal
representante ecuatoriano si dio en este atropello. Sin que esas mujeres se expongan a un maltrato físico
después del verbal. Su condición por este mal proceder, mostró como víctima al
primer agresor.
Tomemos como principal herramienta
la palabra sin ofensa y la defensa amparada en lo legal: al hombre y a la
mujer, ni con el pétalo de una rosa”.

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